Celebran su primer lunes del cerro, con explanada adoquinada; autoridades municipales, San Jerónimo Tlacochahuaya

ISMAEL GARCÍA M./FOTO: EMILIO MORALES

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Disfraces multicolores: payasos y hombres con vestimenta de mujeres

SAN JERÓNIMO TLACOCHAHUAYA, Al ritmo del mezcal, la cerveza y los tamales, “Enrique Peña Nieto” presidió aquí la tradicional “Fiesta del Cerro”, celebración que se realiza a la par de la Guelaguetza oaxaqueña y en la cima de la elevación que denominan de la “Azucena”.
Disfraces multicolores: payasos y hombres con vestimenta de mujeres; autoridades municipales, presidentes, cualquier personaje puede ser interpretado aquí sin miedo a la censura.
La fiesta comenzó este lunes aproximadamente a las 15:00 horas, en casa del encargado de alojar a la comparsa, Abel Cruz Hernández, quien desde hace ocho años ofrece de manera voluntaria su domicilio.
Con bandas de música, cohetes y bailables, la parada recorrió la calle principal para arribar al palacio municipal, donde incorporó al edil, Rogelio Martínez, y al alcalde, Marcelo Pérez Hernández, acompañados de los demás concejales.
Cartones de cerveza, canastos de fruta, principalmente plátano y manzana; botellas de mezcal son parte del cortejo.
Tras ello, enfilaron con rumbo al cerro, empinado camino de aproximadamente un kilómetro, para llegar a la cima, donde ya los esperaban cientos de pobladores y visitantes.

En esta ocasión, estrenaron un espacio adoquinado, sin gradas pero con los lugares adecuados para el baile, un vestidos y para la presencia de las autoridades.
Tras una primera tanda, los organizadores de la comparsa ofrecieron su “voluntad”, compuesta por medidas de mezcal y cartones de cerveza; la autoridad hizo lo propio y al final, de pie, dieron una bendición a las viandas.
Enseguida el baile. Mujeres y hombres, disfrazados y no, llenaron el espacio, bajo el inclemente sol. Entre copas y cervezas transcurrió la fiesta, intercalada con la ofrenda que dieron familiares de las autoridades municipales.
En diversos canastos y huacales, trasladaron fruta y tamales, que regalaron a los visitantes y a los invitados a las festividades. Al caer la noche, la comitiva de autoridades, músicos y comparsa descienden al centro de la población, donde las actividades culminan con un baile popular.
De acuerdo con Abel Aquino, uno de los más antiguos integrantes de la comparsa, la tradición data de la época prehispánica, cuando se organizaban fiestas en honor a los dioses en lugares “cercanos al cielo”.
Con la época Colonial, la celebración mutó y se combinó con las fiestas religiosas, por lo que ahora se realizan en el marco de la festividad a la Virgen del Carmen.