EDITORIAL

La llegada de las vacaciones de verano en la Costa de Oaxaca trae consigo oxígeno renovado para prestadores de servicios turísticos, y también, nos recuerda que todavía hace falta mucho trabajo por hacer para que los destinos en toda la zona sean verdaderamente el paraíso prometido por campañas y gobiernos.

Aunque la diversidad de sitios y playas que forman el catálogo al que visitantes pueden acceder en la Costa, es ya de por sí un aliciente para el turista que explora y prueba experiencias diferentes de viaje; aún prevalecen prácticas abusivas contra los consumidores en casi todos los destinos, y peor aún, éstas se han extendido no solo al momento en que se contratan servicios cara a cara, sino que ahora escalan al inefable mundo de lo virtual y se convierten en delitos cibernéticos por razones turísticas.

A las ya muy conocidas prácticas de acarreo, aumento desmesurado en el costo de alimentos, hospedajes y venta de tours o prácticas acuáticas, entre otras, ahora se ha sumado el fraude por venta falsa de hospedajes en hoteles, suites o casas, principalmente en las zonas de mayor plusvalía de Huatulco.

Si bien la fraudulenta práctica no es exclusiva del destino turístico, pues se sabe de casos en Puerto Vallarta, Mazatlán y Cancún, el hecho de que se haya esparcido como pólvora entre visitantes que eligen las bahías de Huatulco como lugar para descansar o por motivo de negocios, debería ya de sí, ser un motivo de preocupación no solo de autoridades municipales y estatales, sino de cámaras empresariales y hoteleros, por la indeleble marca que por inacción queda grabada en las víctimas.

No se trata de acciones aisladas, han admitido autoridades locales y funcionarios de turismo, pues han sido ellos, en gran medida, el receptáculo de lamentos y enojo de quienes luego de ser timados, acuden a tales instancias para pedir orientación sobre las acciones a seguir y terminan decepcionados por encontrarse con la falta de regulación de ese tipo de delitos cibernéticos.

Y es que para un usuario medianamente familiarizado con páginas de viajes, venta de hospedajes y compra de servicios por internet, no resulta sospechoso encontrar portales en los que se oferten renta de casas en zonas de playa u hospedajes de todo tipo de hoteles, principalmente de los de mayor lujo, y que no necesariamente tienen que ser sitios oficiales de los mismos, sino que pueden tener la fachada de agencias o inmobiliarias digitales.

El problema tan extendido en las últimas semanas no ha sido expuesto públicamente por los empresarios afectados (que aunque no son defraudados ni defraudadores, si forman parte indirecta de la afectación por el ilícito), ni por autoridades de varios niveles, por el temor a que ello represente una mancha para el destino; sin embargo, debe atenderse inmediatamente para evitar, ahora sí, que ello termine por dañar indefectiblemente la llegada de turistas.

Y algo fundamental: los encargados de aplicar la justicia deben concentrarse en tipificar o sancionar de alguna manera tales delitos cibernéticos, que se suman a la trata de personas, robos y otros que ya proliferan en la llamada red mundial.