Conoce el recorrido de este interesante viaje

Arturo Soto | El Universal

Última corrida del autobús ADO: 24:3 0. El trayecto a la ciudad de Oaxaca tiene una duración de seis horas. Casi enseguida mis amigos y yo abordamos un Flecha de Zempoaltepetl, en la Terminal de Autobuses de Segunda Clase, con dirección a la comunidad rural de Cuajimoloyas, en la sierra norte, para gozar de un día de campo y probar la cocina tradicional de la región, preparada con hongos silvestres y comestibles. Tiempo de llegada: una hora y media.

Día 1: el bosque de hongos
Rápidamente, de un paisaje semiárido, pasamos a otro donde dominan los pinos y encinos (y el frío, sobre todo). Justo a la entrada de Cuajimoloyas se encuentra la oficina de servicios turísticos donde se puede contratar hospedaje, comida y guía.
Después de alquilar una habitación para cuatro en un albergue, el guía nos espera para iniciar una sudorosa caminata por el bosque. A mediodía, el sol quema, pero en la sombra, uno siente que se congela.
José, guía e indígena zapoteca, nos enseña a recolectar hongos comestibles y a distinguirlos de los tóxicos como el Amanita verna, un ejemplar que puede ser mortal, según José.
Los comuneros promueven el ecoturismo en esta región, organizando actividades como el senderismo, el ciclismo de montaña, el campismo, la observación de aves y convivencias alrededor de una fogata. Advierten que no hay que internarse en el bosque durante la noche porque “todavía” hay coyotes.
Un poco exhaustos, paramos en un claro. Nuestros anfitriones nos esperan con una deliciosa sopa del bosque, hecha con hongos, granos de elote, cebolla, ajo, chiles serranos y papas. Todo es con hongos: ceviche, quesadillas y hongos empanizados.
Después de la comilona regresamos al pueblo para que no nos “agarre la lluvia”. Son cuatro horas más de camino a pie.
Por la noche tenemos una convivencia con gente de la comunidad antes de regresar a Oaxaca al día siguiente. Nos dicen que no debemos irnos sin desayunar tamales de hongos shiitake, preparados con chile guajillo y especias.

Día 2. Unas horas en Oaxaca
El camión de regreso a la ciudad de Oaxaca, proveniente de la comunidad de Villa Alta, pasa por el pueblo a mediodía. Esta vez, sólo estamos de paso en la capital. De nuevo partiremos a las 21:30 horas, en un autobús de la línea OCC que nos llevará a Pochutla y de ahí a Mazunte.
Nuestro tour exprés comienza en el Mercado 20 de Noviembre para comer chapulines, cecina, enchiladas, mole y tlayudas: comida fresca, sencilla, económica y deliciosa.
También nos da tiempo para ir al a la catedral, al Templo de San Felipe Neri, a la Basílica de la Soledad, al Ex Convento de Santa Catalina de Siena (convertido en un hotel Camino Real) y a Santo Domingo.
Dos sugerencias antes de subirse al autobús rumbo a Pochutla, en la costa: 1. Si el pasajero se marea con facilidad deberá tomarse un dramamine porque habrá muchas curvas, y 2. Hay que comprar provisiones por si a uno le da hambre a bordo. El trayecto es de seis a ocho horas.

Día 3. Ventanilla
Pochutla es el punto de partida de viajeros que van hacia las playas de Ventanilla, Mazunte, San Agustinillo y Zipolite. Son casi las seis de la mañana y por 80 pesos un taxi nos lleva a la comunidad de Ventanilla.
En esta solitaria playa se puede acampar o alquilar una cómoda habitación de estilo rústico.
Aquí se recorren los manglares en una pequeña lancha impulsada por remos. Una vez que el bote se interna en este hábitat de vegetación abundante, el rumor de mar calla, hay un silencio y, luego, el trinar de aves estalla. Grandes cocodrilos nadan en estas aguas oscuras en busca de alimento, parecen troncos con ojos que apenas se asoman a la superficie.
Después de hora y media llegamos a una especie de isleta. Tenemos tiempo para comer y conocer los viveros de manglares, los cocodrilarios y la unidad de manejo ambiental en la que cuidan especies animales en peligro de extinción como águilas, tejones y mapaches.
De regreso a la playa montamos a caballo y chapoteamos en el mar. Al atardecer, justo a las seis, se liberan tortugas de junio a octubre, y por la noche los viajeros pueden realizar un patrullaje nocturno para observar el desove de tortugas golfinas.
El recorrido es de ocho kilómetros (cuatro de ida y cuatro de regreso). La oscuridad de la noche es casi absoluta, no hay luces de hoteles ni de barcos, sólo el rugir del mar, su espuma y el brillo de estrellas de un cielo despejado reclaman atención. Las linternas se encienden de vez en cuando, sólo para observar a la distancia si encontramos una tortuga.
Galo, nuestro guía, recolecta y guarda en bolsas de nylon, entre 60 y 110 huevos de tortuga, los protege del viento para que no se resequen y los traslada a una granja para enterrarlos de nuevo en un nido. Los quelonios tardan 45 días en nacer y de cada camada, dice, una o dos tortugas sobreviven y se reproducen.

Día 4. Mazunte
Nos instalamos en la Posada Abril. Limpia, cómoda y económica, está ubicada en la avenida principal, casi junto a la Fabrica de Cosméticos Mazunte. Acompañados de Reina, socia fundadora de la cooperativa de la fábrica, vamos a conocerla.
Mis amigas se emocionan comprando maquillaje, cremas y bloqueadores solares, hechos con productos naturales de la región.
Desayunamos un sabroso alambre de camarones frente a la playa El Rinconcito, en el restaurante La Estrella Fugaz. Después vamos al Centro Mexicano de la Tortuga y a las playas El Mazunte y la Mermejita, está última de arena negra y fina, muy concurrida por surfistas.
Al atardecer subimos a Punta Cometa, una formación rocosa no exige que uno sea un atleta para atravesar la densa e irreverente jungla ni temerario para caminar a través de senderos angostos flanqueados por inauditos acantilados.
Cuarenta minutos en total. Las vistas que ofrece son inolvidables. Este es el único lugar de la costa oaxaqueña que permite, según la época del año, observar cómo se oculta el sol y sale la luna y viceversa.
El rugir del mar impone, la naturaleza permanece salvaje. El cielo se pinta de tonos pastel.
Antiguamente en el México prehispánico era un lugar sagrado. Hoy, los lugareños aseguran que irradia mucha energía que sana el espíritu.
De regreso, hay que detenerse en el restaurante La Catrina, su nombre se debe a que está casi junto al cementerio. Nos sugirieron los camarones bañados en salsa de tamarindo.

Día 5. Zipolite
Zipolite es un playa tranquila en temporada baja, pero cuando llegan muchos turistas se organizan grandes reventones. Su nombre en zapoteco significa “playa de muertos”. Antiguamente aquí, se dice, los indígenas enterraban a sus difuntos.
Conocí a Paty, una alemana hermosa, que me acompaña a desayunar al restaurante Lo Cósmico. En nuestro andar descubro hoteles, posadas y cabañas para todos los presupuestos.
Después, emprendemos una caminata por la playa que tiene forma de media luna. Muchos se animan a pasear desnudos: jóvenes y mayores, hombres y mujeres, y a nadie le importa.
En un extremo se encuentra la famosa Playa del Amor, donde se encuentra hotel romántico y animado llamado El Alquimista. Detrás de una formación rocosa, se encuentra este íntimo lugar para ligar o sólo para tirarse al sol.
Después de ver a Paty en traje de baño, lamento que el viaje esté por terminar. En mis últimas horas me olvido de mis amigos y prefiero irme a nadar y a asolearme con ella.