Un calvario, detección, atención y rehabilitación en zonas marginadas
Lejanía y carencia de hospitales agravan inoportuna atención médica

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Huguet Cuevas/Fotos: Amado Ramírez/Noticiasnet.mx

cozoaltepec-3SAN FRANCISCO COZOALTEPEC, SANTA MARÍA TONAMECA, Oax.- El pequeño Víctor había cumplido ya un año y tres meses de nacido cuando enfermó gravemente. Su madre lo paseaba por la casa, él lloraba intensamente y el malestar no disminuía. La fiebre, el vómito y la diarrea se habían apoderado de su cuerpo. El hogar de la familia está ubicado en la ranchería Pueblo Viejo, perteneciente a la agencia de San Francisco Cozoaltepec, Santa María Tonameca, en la costa oaxaqueña. Para llegar al centro de salud más cercano sus padres debían caminar alrededor de una hora y media.
Su madre, Minerva Cruz, esperaba ansiosamente la llegada de su esposo para que la acompañara al nosocomio. “Vivimos lejos, no teníamos carro para viajar, debíamos caminar hora y media desde la ranchería hasta acá”, comenta.
El padre de Víctor llegó más tarde y enseguida comenzaron un vía crucis que siempre lamentará. Ambos caminaron hasta San Francisco Cozoaltepec, luego en taxi a San Pedro Pochutla, pero diez minutos antes de llegar al destino el niño comenzó a convulsionar. Buscaron sin éxito a un médico que les habían recomendado y luego a otro en San José Chacalapa, –agencia municipal de Pochutla–; ninguno pudo ayudarlos.
Fue este último quien les dio un pase directo al Hospital de Pochutla para que ahí los atendieran. El niño seguía convulsionando y fue canalizado a Urgencias.
En los siguientes cuatro días, Minerva, –con un sola muda de ropa extra–, visitaría el centro médico de Pinotepa y luego iría a la Ciudad de México. Hasta en la capital del país el niño fue internado.
“Estuve como un mes en el DF con él, no me dejaban verlo, sólo podía estar con él media hora al día”, señala.
“Cuando me lo entregaron, estaba todo torcido, con el cuello hacia un lado, lloraba y lloraba, me dijeron que probablemente le darían convulsiones, que iba a renacer mentalmente”, expone.
La madre comenzó a percibir un ligero retraso mental. Víctor comenzó a asistir al Jardín de Niños pero no hablaba, tampoco podía escribir ni interactuaba con los niños. Incluso, sufría discriminación.
“Mi hijo está así porque no pudimos atender una simple fiebre a tiempo, las convulsiones le vinieron por no llegar al hospital a tiempo”, lamenta la mujer.

ACERCAMIENTO CON COMUNIDADES
Como hormiguitas atraídas por el dulce sabor a miel, en la cancha de la agencia municipal de San Francisco Cozoaltepec las personas comienzan a congregarse poco a poco. Son paterfamilias que se acercan para ser parte del taller que quincenal o mensualmente la organización Piña Palmera lleva a las comunidades indígenas para sensibilizarlos y concientizarlos sobre la discapacidad. En esta ocasión, el equipo vino acompañado de dos actores.

Historias de discapacidad
Pero casos como el de Minerva y su hijo son comunes en Cozoaltepec, así como en otras localidades de la Costa y Sierra Sur, donde la pobreza y la falta de vías de comunicación agravan su situación.
Acá hay más historias, como la de Verónica Cruz y la pequeña Ingrid, quien tiene Síndrome de Down. La falta de empleo orilló a su esposo a emigrar a los Estados Unidos, dejándola sola al cuidado de los niños. Sin saber qué hacer, confundida y sintiéndose culpable, la mujer fue educando a su hija con sobreprotección. En la escuela no quisieron aceptarla, así que decidió buscar ayuda en otros sitios. “No la voy a abandonar”, subraya.
En esta población de aproximadamente dos mil 100 personas también se ubican casos como el de María Iraís Hernández Valencia e Irma Pacheco Juárez, ambas tienen hijos con discapacidad física. Uno de ellos con retraso psicomotriz, la otra tuvo un niño con un brazo que nunca desarrolló bien. Muchos de los casos son parecidos, con sus esposos en los Estados Unidos, alejadas de los centros médicos y ellas al frente de su hogar.

DEJAR SENTIR
De un momento a otro los rayos del sol se ocultan y el cielo se nubla. Un repentino aguacero obliga a los niños y sus padres a cobijarse al interior de un edificio aún en construcción.
A través de un cuento donde se muestra la importancia de reconocer los sentimientos y aprender a expresarlos sin vergüenza, dos jóvenes actores interactúan con los niños con discapacidad que han asistido a las sesiones. Poco a poco los niños van abriéndose, compartiendo cómo se sienten y qué es lo que piensan.
De acuerdo con la vicepresidenta de la organización Piña Palmera, Araceli Rodríguez, estas sesiones se programan para acercar terapias y capacitaciones a las familias con niños discapacitados que no pueden viajar hasta Zipolite y recibir rehabilitación.

cozoaltepec-4MARIANO
Se mueve como pez en el agua. Todos lo conocen y es bien recibido entre la gente de la localidad. Su carisma y sensibilidad lo caracterizan.
Se apresura a bajar de la Suburban que transportó al equipo de Piña Palmera hasta aquí. Atento abre la puerta para que los actores y voluntarios desciendan. Sólo el bastón que usa para apoyarse al caminar hace evidente su discapacidad. No puede ver desde los 12 años pero eso no le impide desarrollar su vida de una manera normal.
Siendo casi un niño, Mariano Enríquez Martínez sufrió desprendimiento de retina en ambos ojos. Los médicos le han dicho que es casi imposible que algún día pueda volver a ver el mar.
Tras el incidente su familia lo apoyo totalmente, sin embargo, era difícil la comunicación con los médicos porque ellos no hablan español, él fungía como traductor del zapoteco. El joven de 26 años sostiene que nunca se ha sentido discriminado ni marginado, pero sí deprimido. Terminó sus estudios en la Escuela Secundaria Técnica Pesquera de Puerto Ángel, donde al conocerse su discapacidad, Piña Palmera ofreció varios talleres de sensibilización a sus compañeros y los docentes para que él pudiera regresar a la escuela sin sentirse marginado.
“Aprendí a valerme por mí mismo y hoy llevo una vida normal”, indica.
Al principio, la sobreprotección fue evidente, sus padres no estaban seguros de que él podría desenvolverse como antes, fue un proceso lento. “Pero un día, me soltaron”.
Las primeras veces sus padres lo llevaban desde su casa, en Miramar, hasta Zipolite a recibir rehabilitación, ahora lo hace por sí mismo pues se desempeña como capacitador de esta institución en el área de rehabilitación para personas con discapacidad visual y participa en los programas radiofónicos.

EL TEATRO COMO BÁLASMO
Gisela García y Pablo Mezz son dos jóvenes actores, pertenecientes a la Fundación Cadavieco, institución que visita Piña Palmera desde hace aproximadamente 15 años. Ella cuenta que hace tiempo el director de esta organización, Carlos Corres, llegó a Zipolite, donde se ubica esta organización, y se quedó maravillado con el trabajo que realiza Piña Palmera, por lo que decidió aportar su granito de arena a través del teatro. Desde entonces, Fundación Cadavieco viene periódicamente a acompañar los trabajos de esta organización.

Discapacidad en Tonameca
24 mil 318 habitantes
1.8% con limitaciones para caminar
35 incapacitados para realizar acciones sencillas
3.7% con limitaciones para realizar una actividad
136 con algún grado de sordera
90 con problemas mentales

Fuente: Censo de Población y Viviendad 2010cozoaltepec-2